Hoy comenzamos con la inauguración de la sección de lo desconocido.
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comenzaremos con un relato extraído de una revista que circulo por México hace unos cuanto Años.
La Mecedora
(Relato de Juan Rodríguez Hernández, Villa Hermosa, Tabasco)
Una noche en que me preparaba para un examen al día siguiente, la mecedora empezó a moverse sola. Me pareció imposible que esto ocurriera. Y pensé al principio que seria una corriente de aire o algo parecido lo que la movía, por lo que me levante a cerrar la ventana y la puerta del cuarto. Pero ambas estaban perfectamente cerradas. Entonces atribuí el hecho a mi imaginación y volví a sentarme en torno de la mesa, con mi libro abierto en el que estudiaba.
Ya casi me olvidaba del incidente cuando escuche un ruido y me volví. Mi chamarra que estaba en el respaldo de la mecedora había caído al suelo. Me levante a recogerla y entonces vi, muy claramente, que la silla se movía lentamente como si alguien se estuviera meciendo. En ese momento entro Andrés a la habitación, le dije atropelladamente –por el miedo que me invadía- lo ocurrido, y se rio y burlo de mi.
Pero entonces la mecedora se agito violentamente, volvió a tirar al suelo mi chamarra y ella misma cayo estrepitosamente con el respaldo en el piso. Andrés sostuvo en forma vehemente que seguramente alguien nos había jugado una broma. Y aunque no del todo convencido, nos fuimos a la cama luego de que levante la mecedora y mi chamarra y la puse nuevamente en su respaldo.
Dormíamos profundamente cuando un ruido parecido al roce de dos objetos me despertó, y encendí la luz. Andrés despertó hasta entonces y me exigió que la apagara. Atemorizado, le pregunte si no había escuchado ese ruido. No, solo te escucho a ti con tus fantasias, me respondió el aludido. Pero finalmente ambos lo oímos, era como de dos objetos frotándose fuertemente. Buscamos de donde procedía y vimos el llavero metalico que colgaba de la llave de la cerradura, balanceándose y pegando con la puerta de madrea. De pronto empezó a dar vueltas en círculos, como cuando le dan vueltas a una cadena alrededor de un dedo, pero lo hacia solo en torno de la llave encajada en la cerradura.
Entonces la cerradura empezó a cerrarse con dos vueltas. Escuchamos los clack-clack de cada ocasión. Como movidos por un resorte, centramos nuestras mirada en la mecedora. Y allí estaba… balanceándose lentamente. Al cabo de unos minutos el ruido de la llave ceso y el llavero se dejo de mover, pero la mecedora empezó a agitarse cada vez más frenéticamente, hasta que en medio de un gran estrepito cayo con el respaldo en el suelo. Una carcajada larda y prolongada por varios minutos pareció salir del viejo mueble -¿o seria de los infiernos?- luego de lo cual mi compañero y yo salimos despavoridos del cuarto.
Una vez repuestos de la violenta impresión, decidimos deshacernos de inmediato de esa mecedora del Diablo. Y sin pensarlo mas, la devolvimos a la bodega de la residencia para estudiantes. Luego volvimos a nuestro cuarto y nos sentíamos algo así como alivianados. Vencidos por el cansancio, el resto de la noche dormimos como benditos.
Y así sucesivamente, todas las noches que siguieron a esa noche de terror, angustia e incertidumbre que nunca olvidare y ahora comparto….
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