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Mauricio fenopala, de la hacienda de Panaga, en el estado de hidalgo, nos platica la historia del niño al que los demonios succionaron el alma…
La hacienda del señor Barrera estaba al pie del cerro de Panaga. Solo algunas reses pasaban en un pequeño prado, al cuidado de las cuales estaban un niño de once años de nombre Ángel, que mientras el ganado pastaba tallaba figuras en madera con una pequeña navaja, o bien tocaba la flauta.
Una tarde de pastoreo se acerco a una construcción de aspecto lúgubre que los vecinos llamaban la “capilla embrujada”. Ángel recordó lo que habían dicho de ella y se apodero de el un angustioso terror, pero la curiosidad era mas fuerte que su miedo y hacia ella se dirigió. Teniendo presente lo que la gente decía: “allí espantan de día y de noche”.”si pasas cerca no entres”. “huye del lugar, la capilla esta embrujada!”. Pero ninguna advertencia lo atemorizo. Abrió sin dificultad la puerta de fierro retorcido que funcionaba como puerta y solo el rechinar de goznes y clavijas sonaba macabro y misterioso.
Cuando entro sintió unos pasos detrás de el y un respiro agita muy cera de su oído. Al volverse vio una sombra que se confundió entre las paredes, en las que estaba escrita con letras rojas como de sangre vieja, una amenaza: “volveré a vengarme. Justino me quito la vida hace cien años”- pero Ángel no sabia leer, no puso atención. Otra leyenda decía: “ si encuentro sangre inocente, yo volveré a la vida”. Mas adentro había un silencio de muerte.
De pronto, una silueta oscura y contorno brillante se poso frente al niño. Que pregunto: “¿usted vive aquí? “. Pero sin obtener contestación. Ángel sintió un aire que jalo la figura hacia arriba. El lugar húmedo y lúgubre le ocasionaba un frio de muerte. De repente la puerta se cerro estrepitosamente con un agudo rechinido que lastimo los oídos del infante.
Ninguna ventana había para que entrara aire y Ángel empezó a sentir que le faltaba. Fue hacia la puerta tratando de abrirla pero la puerta permanecía cerrada a pesar de los golpes que le daba el niño, quien empezó a experimentar una sensación de horror y frio obsesionante.
“Ayúdenme… auxilio”, alcanzo a exclamar, francamente aterrorizado. La atmosfera se volvió hostil y agresiva hacia el y sus ojos poco a poco se nublaron al tiempo que sintió que algo succionaba su esencia, su alma.
Los desgarradores gritos del niño resonaron en todos los alrededores del cerro de panaga. El ganado corrió espantado hasta la hacienda. La gente huía alarmada; los más osados se acercaron a la capilla y no vieron nada pues pese a que desde la reja de fierro se veía perfectamente hacia adentro, nadie pudo explicarse como era posible no ver al niño pero si oír sus cada ves más débiles gritos.
Ha pasado mucho tiempo desde lo sucedido. El niño jamás apareció. Su familia le lleva flores a la capilla. La gente del lugar cambia de ruta para no transitar por la tétrica edificación. Y solo los que no conocen su historia pasan por ahí…pero huyen despavoridos cuando escuchan los lamentos y el llanto de un niño al que le siguen succionando el alma….


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